
UN AMIGO SORPRESAHabía una vez un bosque murmullador, viviente, sobre el cual las nubes bailaban, los pájaros volaban en grandes círculos y los árboles entrelazaban amistosamente sus ramas. En una parte del soleado bosque vivía una familia de osos. Los padres, el Oso y la madre Osa tenían tres hijos, Bambo, Tango y Tic. Éstos traveseaban y jugaban todo el día. Claro que los tres ositos tenían muchos juguetes pero de todos estos uno les gustaba más; a Bambo se le podía ver cada día en una bicicleta azúl, a Tango siempre se le podía ver con un cubito amarillo, lleno de frutas de bosque y Tic ni hablar de separarse de una pelota grande y roja. Un día, alejándose de la casa mientras estaban jugando, llegaron al gran lago que está al márgen del bosque. Bambo dejó caer la bicicleta sobre la tierra (el también necesitaba descanso, ¿ verdad ?), Tango se sentó con su cubo en la hierba para saborear un poquito las zarzamoras y las frambuesas que había recogido y, por supuesto, los hermanos mayores llamaron a Tic para saborear él también las frutas. Pero Tic corría encantado, jugando con su pelota traviesa que saltaba arriba y caía sobre la tierra pero que al fin llegó en el agua del lago. Tic se paró bruscamente a la orilla del lago, porque no sabía nadar. Bambo y Tango llegaron de prisa y trataron de entrar en el agua hasta las rodillas para coger la pelota que, desafortunadamente, más bien se alejaba de ellos. Se quedaron un poquito a las orillas, petrificados, dando un poco la vuelta alrededor del lago, esperando inutilmente que el viento llevara la pelota más cerca de la orilla. Como el sol se preparaba ir a la cama, los hermanos mayores trataron de acariciar a Tic diciéndole que dentro de poco, cuando la mamita Osa y el papito Oso irían a la ciudad, le trairían una nueva pelota. Tic se puso muy enfadado viendo su pelota en las olas del lago por entre las lágrimas y no podía creer que le resultaba imposible tocarla. Dirigiéndose a su casa era tan triste y no dejaba de decir: Vendré cada día para ver mi pelota a lo lejano, nunca le olvidaré. Dicho y hecho. Dos días seguidos, aunque la mamita Osa trató de convercerle que a finales del mes cuando irían de compras a la ciudad, le compraría una pelota mayor y más bonita que la de antes. Pero nuestro Tic no podía dejar una vez al día el lago, donde el primer día, después de la pérdida, la pelota apenas se vislumbraba como un puntito rojo y después de tres días había dejado de verse. El cuarto día, cuando los ositos estaban en la hierba de las orillas del lago y comían zarzamoras y frambuesas del cubito de Tango, unos ruidos extraños se oyeron en el silencio del bosque: Fru! Fru! Fru! Paf! Paf! soñaban las hojas que formaban la alfombra crujiente del bosque. Los sonidos venían ampliándose hacia ellos cuando los tres ositos se quedaron con la boca abierta y se les cortó la respiración al ver un perro de pelaje largo que corría en grandes saltos, tratando de coger una pelota grande y roja. Ese perro estaba tan feliz que no veía a nadie alrededor. Pero, hasta que los ositos se dieran cuenta lo que estaba pasando, el perro ya estaba lejos, corriendo y empujando la pelota con el hocico. Entonces Tic gritó: - ¡Mi pelota! ¡Párate! ¡Ven acá! Gritaba a pleno pulmón y todos juntos empezaron a gritar y a correr aunque no podían alcanzar al perro. De repente éste se paró, miró atrás sin convicción, miró adelante, después miró a los tres hermanos enfadados , suspiró y se dirigió hacia ellos. Llegando a ellos, el burlón , les dijo: - ¿ Oh, éste es la competición en que quién grita más fuerte toma el premio? También querría participar. Y sacó un grito fuerte y prolongado hacia los ositos asombrados de su actitud. ¡ No! ¡ No! respondieron ellos. Te llamamos para decirte que ésta pelota grande y roja es nuestra, es decir de Tic que la perdió hace unos días sobre el lago. ¡Oh! ¡Oh! torció el perro sus narices con demasiado asombro. ¡ ¡? Y supongo que me ofrecéis algo como regalo por haber nadado a salvar la pelota del lago ¡? Los tres hermanitos, ya confusos, dijeron: - No tenemos nada ahora mismo, pero podemos pedir a nuestros padres que te regalen algo para la pelota. Tu fortuna es la de ser cría de oso y te devolveré la pelota si me prometes lo siguiente: unas veces vengo por aquí con mi dueño para cazar. Cada vez que yo venga, prométeme que vendrás con la pelota y que jugaremos juntos. Siempre deseaba tener ositos como buenos amigos. Tic buscó con la mirada el sí de sus hermanos porque los osos no tienen la costumbre de amistarse con los perros. Después empezó a dar saltos de alegría y con los ojos llenos de lágrimas le dijo al perro: - ¡ No sabes la alegría que me das! A partir de ahora eres mi amigo para siempre y cada vez que vengas por aquí jugaremos juntos con la pelota. Te esperaremos alrededor del lago, siempre. Por la noche , llegando a casa, la madre Osa escuchó toda la historia de la pelota grande y roja. Escuchó , pensó bien y después de un rato dijo: - ¡ Qué sorpresa Tic! Te has encontrado la pelota. Los tres hermanos respondieron juntos: - Aún más. Hoy, hemos encontrado un amigo sorpresa. -
¡ Maravilloso, estoy tan orgullosa de vosotros, mis
hijos! dijo la madre Osa abrazándolos con gran ternura. |
The End